Queridos lectores,
¿Cuántas veces nos hemos sentido atrapados por un bucle de pensamientos negativos que acaban condicionando nuestro estado de ánimo y nuestras acciones? La terapia cognitivo-conductual es como una brújula que nos ayuda a navegar y modificar esos patrones.
Este enfoque, que aplico con frecuencia, es especialmente útil y efectivo. Se centra en el «aquí y ahora», y trabajamos juntos para identificar esos pensamientos distorsionados que nos hacen daño y las conductas que los mantienen. Lo maravilloso es que nos dota de herramientas prácticas para gestionar la ansiedad, la tristeza o el estrés, empoderándonos para ser agentes activos de nuestro propio bienestar.
Es un camino de aprendizaje y descubrimiento personal que ofrece resultados muy tangibles y esperanzadores.
Un abrazo,



